Mikel Martínez: “Quiero que el bilbaíno se sienta en casa y el visitante en Bilbao”

En la terraza del Café Bar Bilbao cuatro hombres toman café sin aparente prisa por comenzar la rutina. Son las 9:28 de la mañana en la Plaza Nueva de Bilbao. Dos turistas asiáticos pasan de largo por la esquina del número 6, sin ni siquiera hacer ademán de sacar su smartphone. La lluvia les intimida. Dos mujeres con bolsas de una multinacional dudan si resguardarse del frío o acompañar el café con un cigarro. Mala elección. Los pintxos ya lucen como  trofeos en la barra. Los camareros con su distintivo polo azul, ya llevan un par de horas metidos en faena. Mikel Martínez, dueño del emblemático negocio, trabaja en la zona oeste de la barra.

 El Café Bar Bilbao vivió una Guerra Civil, una dictadura y la llegada de la democracia. Mikel Martínez se asombra al pensar lo que supone esto: “¡¡¡Qué barbaridad!!!, este es un local de 116 años que está muy arraigado en Bilbao, que todo el mundo conoce y eso es un placer. Yo quiero que el bilbaíno se sienta en casa, que no piense que podría estar en Nueva York o en París”. Le gustaría que los bilbaínos lo sintieran como suyo, le tengan cariño y vayan. Eso es lo que lo diferencia de las franquicias: “Yo quiero que el visitante se sienta en Bilbao”.

 Bajo la entrada del Café Bar Bilbao, se puede leer fundado en 1911 y rehabilitado en 1992. Esta rehabilitación supuso un antes y un después para la evolución del negocio: “En 1983 tuvimos las inundaciones que acabaron por destrozar todo. Tras un par de años cerrado, volvió a abrir tal cual. Estaba bien que guardara el carácter antiguo, pero necesitaba un cambio. Fue una obra total, las vigas estaban muy deterioradas. Supuso un esfuerzo muy grande en todos los sentidos”.

 Premiado por Bilbao Dendak (Asociación de Asociaciones de Comerciantes de Bilbao) con el galardón a la tradición con futuro en 2014 y ganador en varias ediciones del concurso de pintxos Bilbao-Bizkaia, cada día llegan cientos de turistas deseosos de probar por primera vez un bocado de la gastronomía vasca: “Les llama mucho la atención, pero yo creo que es una cosa ya bastante conocida. El visitante alucina con la cocina tan grande que hay en porciones pequeñitas”. También ha notado que en los últimos años llegan muchos más turistas: “Una pasada, el Bilbao de hace 25 años no tiene nada que ver, no había visitantes. Y ahora los visitantes se están convirtiendo casi en un problema”.

La pasión de Mikel Martínez es el teatro: “Siempre lo tengo presente cuando estoy en el bar”. Compagina ser dueño del Café Bar Bilbao, con la presidencia de Eskena y con ser actor. “El bar es un negocio al que le tengo cariño por su carácter”. Habla de la difícil situación que vive el teatro: “Siempre está en crisis, además vivimos en una época donde la gente no se quiere esforzar intelectualmente”. El teatro que producen es fundamentalmente en euskera, con un público menor que el castellanoparlante, pero fiel: “Como saben que tienen menos oportunidades de ir al teatro en euskera, no fallan cuando hay una oferta”.

Son catorce las ediciones que lleva celebrándose el concurso de guiones literarios“Donde no hay mata, no hay patata”, apunta Martínez refiriéndose a la importancia de los guiones. La dificultad que entraña llevar una obra teatral a escena es considerable y ese es uno de los objetivos de este certamen: “Animar a los posibles dramaturgos a que escriban, porque me parece la cosa más importante”. Mikel Martínez se muestra orgulloso de poder fusionar cada año su pasión y su trabajo diario: “Soy teatrero, soy actor, soy un enamorado del teatro”. La mitad de los premiados acabaron viendo como sus ideas acababan representándose. En el Café Bar Bilbao nada se improvisa, existe un guion preestablecido en el que nunca falta la esencia del cliente de toda la vida: “Hay unas horas para los turistas y otras horas para los de casa, que según entran por la puerta o según les vemos viniendo por la calle, ya les estamos preparando el café”, cuenta Mikel.

Si tuviera que definir el Café Bar Bilbao, lo haría con la palabra Bilbao y le gusta cuando oye a algún cliente decir “Qué a gusto he estado aquí este rato y qué a gusto vengo aquí al Café Bar Bilbao”, enfatiza. Son muchos los momentos vividos en el negocio, pero se queda con aquellos en los que teatro y el café se fusionaron. Tampoco olvida los momentos de fiesta: “Hay momentos como los carnavales, las fiestas de Bilbao, participar de esas fiestas son instantes muy bonitos”, comenta Martínez. Del teatro guarda momentos muy emotivos, “me he subido a los escenarios en los teatros más importantes de Euskal Herria, incluido el Arriaga”, con teatros llenos y viendo a la gente disfrutar en sus butacas. Habla también de sus visitas a los Gaztetxe donde el contacto con el público es más directo: “Ese contacto con el público, ya sea en un gran teatro o en un muy pequeño teatro y ver que el público le emocionas, porque el objetivo tuyo es emocionar”.

Mikel Martínez no engaña, veintisiete minutos de entrevista, tres para las fotos de rigor. Las escaleras del comedor superior bien podrían ser las de algún teatro o las de un gaztetxe. Una cosa quedó clara, los dos sabíamos que, en ese momento, mientras volvíamos a la realidad, no estábamos ni en París, ni en Nueva York, sino en el Café Bar Bilbao, de Bilbao. En la barra ya faltaban algunos pintxos, el traqueteo de gente continuaba. El guion sigue su curso y el Café Bilbao se mantendrá por siempre en su esquina.

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Entrevista originalmente publicada en el Diario Siete Calles el 16 de noviembre de 2017.

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